presagio

 Quizá el otoño me enternezca, no me haría daño. Ahora que volví a confirmar que mis deseos, por más oscuros, ocultos e indebidos que sean, se cumplen cuando llega su tiempo; me tranquilicé un cachito.

Imaginé tu cara y tus gestos, practiqué posturas y palabras; nada de eso ocurrió. Tu sonrisa entró como una bala en mi pecho. ¿Cómo alguien puede ser tan bello y perpetuar tal violencia? Hoy pienso en quién fui hace un año y me apena, creí que sabía lo que hacía, pero fallé. Conocerte fue un error del que no me arrepiento. Todos tenemos una herida, la mía lleva tu nombre. Podrías haber sido cualquiera, pero fuiste vos.

Supe que ese día te vería con una certeza indudable, no puedo explicar cómo. Recordabas, al final, igual que yo. Me alegra y me espanta en partes iguales que me hayas escrito, y sí, esas invocaciones nocturnas al final de algo sirvieron.

No me avergüenza mi actuar, solo busco sanar esa herida caprichosa, cambiarle el gusto a tu recuerdo.

Pensé en dejar tu libro entre los escombros de la construcción sobre Las Heras, pero prefiero conservarlo. Me gusta haberme quedado con uno de tus tesoros, me ata de alguna forma, aún lo necesito.

Si te cruzo este jueves no sé qué haré, quizá te salude esta vez.

Comentarios

Entradas populares