gajito
Me pregunto si alguna vez me habrás quitado un gajito, o si habrás levantado alguno que se me cayo al suelo, y sin decir ni una palabra te lo guardaste en el bolsillo. Y si luego lo revoleaste al patio, o quizá hasta te tomaste el tiempo de escogerle una maceta y lo enterraste ahí dentro con un poco de tierra. Y si desde entonces, vos regas ese gajito, y en tu ingenuidad hay una esperanza de que el gajito brote, largue raíces hacia abajo y un palito verde se asome entre la tierra. Y vos te lo guardas en secreto, regando al que un día supo ser gajito mío, con la idea de que cuando me vaya, porque seguro era previendo la huida, crezca en tu patio o en tu maceta, algo similar a mi cariño. Y luego, ya no seré gajito, ni brote, ni palo, voy a ser una planta hermosa en tu jardín de cemento o en tu maceta curada, una planta a la que halagaran; incluso quizá alguien se lleve un gajito, quizá sin que vos sepas tal cual habías hecho, o quizá seas vos quien se lo obsequie y le enseñes como cuidarlo para transformarlo en brote, luego en palo y luego en cariño.
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